jueves, 13 de febrero de 2014

El rey justo de la cárcel del infierno

Autor: José Luis Sanz
Fecha: 31 de Enero de 2014

La crónica es de aquellos géneros periodísticos que logra desgarrar, conmover y sorprender a quien la lee; cosa que sucede con "El rey justo de la cárcel del infierno". No es nada nuevo, y menos para los colombianos, el problema tan severo que se vive en los centros penitenciarios. Muerte, hacinamiento, corrupción e ilegalidad son algunos de los aspectos que más flagelan al país y deslegitiman, aún más, a los estados. Sin embargo, es extraño toparse y sumergirse en una historia real que narra cómo en el caos y la desesperanza hay un inividuo, que independientemente de los medios, ha logrado la paz entre los muros construídos en medio de la ciudad más violenta del mundo.

¿Quién es aquel ser que aparentemenete suena como un héroe o un mesías? Se hace llamar Chepe, prisionero y también líder del centro penitenciario de San Pedro Sula, en Honduras. Sanz, a través de este personaje irónico y respetado, logra recrear y esbozar la vida que tuvieron los reclusos bajo el mando del reo Mario Henríquez -hombre tildado de violento entre las personas más sangrientas- y que tienen ahora, con Chepe. Este último puso a estudiar a muchas personas dentro de la cárcel, amenazando con que dejaría de firmar las actas de buena conducta que permiten la salida de los priosioneros si no ingresaban en el programa estudiantil -sí, así es, él decide quién sale o no con su firma. También recauda fondos para ayudarle a los más pobres de San Pedro, entre otros actos que él llama sociales.

Como bien se muestra en los diálogos, el jefe presume y se jacta de sus logros. Eso sí, obtenidos y  alcanzados con violencia y mano dura: la muestra de poder más clásica e inherente al ser humano. No obstante, es un avance vertiginoso en medio del desastre, como dice Emiliani al charlar con Sanz: "Es un hombre fiable, que hace el bien a su manera". Parece que fuera la salvación para todas esos individuos incomprendidas y aunque no sea la persona más estrictamente correcta, su posible ausencia causa miedo y zozobra, tanto para los reos como para el director y subdirector de San Pedro.

El autor nos permite ver otra cara, cada quien juzga si buena o mala, de un ser que hace parte de una sociedad violenta y macabra, donde son pocos los que buscan un cambio. La conexión y cercanía con los personajes permite que el lector se sumerga en aquel mundo que sentimos tan lejano pero que está ahí, al lado nuestro, próximo a tocarnos. En todo momento mantiene la intriga y el escozor que por medio de una prosa sencilla pero sensible, permite corroborar la ausencia y el desentendimiento del Estado hondureño (latinoamericano) que obiga a su gente a crear sus propias reglas y su propio mundo, donde, posiblemente, alguno tenga como base la paz.

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